Oriundo de Guerrico, una localidad del partido de Pergamino, a la vera de la Ruta Nacional 188, optó por la tranquilidad de un paÃs donde el fútbol no es prioridad y la silbatina de la hinchada es reemplazada por un absoluto silencio al marcar un gol.
Divididos por castillos –un sinónimo de barrio en esa parte del continente- en la Liga de San Marino no existen el local y el visitante. Los 15 equipos de la región se dividen entre las siete canchas existentes y disputan un certamen que el premio mayor es ser el primero de la clasificación para jugar las fases iniciales de la Champions League.
“Es un tipo de fútbol distinto al argentino. No es fácil adaptarse. Los estÃmulos no son como jugar un torneo Federal, que vas a la cancha y hay 5000 personas. Acá se hace largo el año, el clima es muy frÃo y los sudamericanos lo sufrimos mucho. Se entrena de noche con temperaturas de 1 a 3 grados y llueve bastante. El campeonato en sà es amateur, pero está muy bien económicamenteâ€, asegura Hirsch, en diálogo con LA NACION.
En la voz de la experiencia, Hirsch padeció en carne propia ese estirpe sudamericano y competitivo de ir a cada pelota como la última y hasta prolongar una discusión fuera de los lÃmites del campo de juego: “Cuando llegás acá se pierde eso, ninguno de los jugadores tiene ese fervor de correr y meter. Acá es completamente diferente la mentalidad, ha pasado que chicos que jugaban en ligas de Córdoba y Santa Fe vinieron y no aguantaron. En esta Liga lo primordial es parar bien la pelota y dársela a un compañero, ser ordenadoâ€.
Radicado hace más de una década, Hirsch pasó por diferentes instituciones sanmarinenses: Virtus, Cosmos, La Fiorita, Pennarossa y Folgore –su actual club-. Con varios partidos en el haber, admitió: “El mundo de San Marino está muy atrasado, en la fase amateur, donde solo importa divertirse y cuando termina el partido van todos al mismo barâ€.
De elegirlo en la PlayStation a compartir un partido con Luka Modrić
El 10 de agosto de 2011, dos años después de su arribo al paÃs, debutó en la selección nacional de San Marino. En el minuto 36 del segundo tiempo, ingresó desde el banco de suplentes contra Rumania y a partir de ahà se convirtió en un número fijo para las convocatorias.
En 1988, la Federación de San Marino se afilió a la FIFA y comenzó a competir contra otras selecciones, algunas de ellas de gran fuste. La particularidad es que nunca ganó un partido oficial: el único registro de un triunfo fue en un amistoso contra Liechtenstein en 2004.
Para la Serennisima, como lo apodan, empatar es un sinónimo de ganar. Desde que Hirsch viste la camiseta del seleccionado consiguió tres empates: ante Estonia por la Eurocopa; y Liechtenstein y Gibraltar por la National League, una competencia que afronta este año en la categorÃa “D†y de la cual, aún, no obtuvo ni un punto.
“La Federación trabaja con una mentalidad profesional; si uno va a la concentración ve lo que son los hoteles, la diagramación del dÃa a dÃa y también observás los videos de cada selecciónâ€, admite el atacante de 36 años, quien comparte plantel con Danilo Rinaldi y Dante Rossi, ambos argentinos.
A pesar de su liga amateur en la que compite y las complicaciones que eso trae al estar enfrente de selecciones de mucho poderÃo en Europa, Hirsch cumplió el sueño de jugar ante colegas que los elegÃa en la PlayStation o bien, observa desde la comodidad de su sillón.
“Jugar contra Kane, Sterling, es impresionante. Pero enfrentar a Modrić fue tremendo. Son esos jugadores que tienen una elegancia y una clase que no lo ves en otros. Después me pasó de tener enfrente a Müller, de Alemania, que es antipático para todo el mundo, pero es una máquina, está a otro nivelâ€, deslizó, con orgullo.
Su vida social y la negativa de volver a instalarse en Argentina
Definitivamente asentado en la cultura sanmarinense, Adolfo Hirsch no solo adoptó las costumbres y el ritmo de vida, sino que su tono de voz tiene un registro italiano. El sueño de ser futbolista lo acompañó a él y a su pareja Daniela a otro paÃs con una vorágine completamente distinta.
Acostumbrado a una vida más hogareña, el futbolista pasó de un pueblo de 700 habitantes como Guerrico a una pequeña nación anclada al norte de Italia de 35 mil, donde el transporte público tiene una frecuencia completamente escasa y no existen los trenes. “Desde que llegué trabajo en una empresa grande que se dedica a fabricar muebles para la casa. Me dedico a programar las computadoras que luego cortan la madera a medida y mi jornada laboral son de siete horasâ€, contó.
Su familia está compuesta de su esposa Daniela –quien trabaja en el rubro gastronómico- y sus dos hijos, Bastian (9) y Milo (2), quienes asisten al jardÃn y se van turnando con ella para poder ir a buscarlos.
Con el correr de los años y la lejanÃa, las noticias sobre Argentina no son moneda corriente para Hirsch. La comunicación telefónica con su familia son su fuente de información y algunas visitas esporádicas, que prometen ser las últimas. “No volverÃa a vivir al paÃs, salvo algunas veces que voy de vacaciones. Uno acá está seguro en todo sentido, puedo dejar el auto con los vidrios bajos y las llaves puestas que no pasa nada. Acá sé lo que tengo que pagar y cuándo puedo ahorrar. Si se me rompe un electrodoméstico, al otro dÃa voy y lo compro, no necesito pagarlo en tres años, acá no existen las cuotasâ€, subrayó sobre esas pequeñas diferencias que, a lo lejos, son gigantes.
En otras latitudes, Hirsch encontró que el sueño de ser futbolista era posible. A sus 36 años, le podrá contar a sus hijos que compartió un campo de juego con jugadores de fútbol que son maniobrables, para la inmensa mayorÃa, por un joystick. Mate en mano, disfruta de las vacaciones de julio que lo ayudarán a renovar energÃas para un nuevo comienzo.
Por: Federico MarÃn